No puedo parar

No importa el lugar ni el momento, los adictos al sexo necesitan saciar esa pulsión. Ph. Shutterstock

¿Cuántas veces hemos escuchado que alguien dice “mi marido es un adicto al sexo” o “si fuera por mi novio estaríamos todo el día teniendo sexo”?

No importa el lugar ni el momento, los adictos al sexo necesitan saciar esa pulsión. Ph. Shutterstock

 

Hay una gran diferencia entre esos casos, en los que hay distintas necesidades y quizás hasta una gran cuota de exageración por parte de sus narradoras para impresionar a sus amigas, y un verdadero adicto al sexo; un adicto sexual ve su vida completamente dirigida por el sexo.

La emoción que produce la caza de una nueva conquista, el juego de seducción que implica y ese shot de adrenalina que recorre todo el cuerpo cuando se toma un riesgo son principalmente las cosas que motivan a un adicto al sexo y que disparan ese comportamiento compulsivo que convierte al sexo en su obsesión. La adicción al sexo, también conocida como hipersexualidad, consiste en un deseo sexual extremo, imposible de controlar, que altera la vida de quien la padece. Es como si fuera una bomba de tiempo que inevitablemente, más tarde o más temprano, va a estallar. Probablemente, el caso que dio la vuelta al mundo fue el de Tiger Woods. La estrella de golf estadounidense se divorció años atrás de su mujer por sus repetidas infidelidades y se internó en una clínica para tratar su adicción al sexo. Claro que eso tuvo sus consecuencias; un divorcio millonario, uno de los más caros de la historia, y grandes pérdidas para las empresas que lo patrocinaban, hasta donde podemos saber.

Aún conociendo los riesgos que corre y todo lo que pueden desencadenar sus actos, es muy común que un adicto al sexo los siga repitiendo. Sucede que se encuentra dominado por sus impulsos sexuales y no importa si sus transgresiones lo llevan a perder su estabilidad emocional y/o económica. Incluso es capaz de arriesgar hasta su relación de pareja porque esas transgresiones también incluyen engaños y traiciones.

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Entonces, la pregunta es: ¿Cómo sabemos que estamos frente a un adicto al sexo? La realidad es que el diagnóstico resulta bastante difícil porque no muestra síntomas visibles y además porque requiere determinar cuándo un apetito sexual saludable deja de serlo y se convierte en uno excesivo. Sin embargo, existen algunas características que nos pueden ayudar a construir el perfil de un adicto sexual y a distinguirlo:

– No tiene en cuenta las consecuencias de su comportamiento. Cuando un adicto al sexo está en busca de una aventura no le importa nada; ni su pareja, ni su trabajo, ni la familia, ni sus finanzas, ni su salud sexual.

– Los impulsos sexuales lo dominan. Es un problema de control y no de frecuencia sexual; su vida está dominada por el sexo.

– Consume mucha pornografía en cualquier momento y en cualquier lugar para alimentar su libido.

– La masturbación es una de sus conductas más repetidas y poco importa si está en el trabajo, por ejemplo. Cuando el deseo irrumpe hay que satisfacerlo.

– Sus motores son la caza y la seducción. El placer deriva de toda la estrategia previa que desarrolla para acercarse y finalmente conquistar a su objetivo. Raramente un adicto al sexo tiene la necesidad de alcanzar el orgasmo en sus relaciones sexuales.

– Culpa y depresión. Perder el control de uno mismo y sentir que será imposible recuperarlo genera mucha angustia en el adicto sexual.

– Aunque sus causas se desconocen, generalmente proviene de un hogar disfuncional. Es bastante frecuente que en su familia de origen alguno de sus integrantes padezca algún tipo de adicción. También suele darse que haya sido criado en un ambiente en el que la sexualidad era un tabú.

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– La adicción sexual es una adicción más. El problema es la compulsión, el comportamiento obsesivo. Es bastante frecuente que un adicto sexual también tenga otras adicciones; problemas con el alcohol o con las drogas, por ejemplo.

¿Se cura? Claro que sí, con psicoterapia. El tratamiento busca que el adicto cambie la actitud hacia el sexo y deje de ser compulsiva para transformarse en una más saludable. Se lo ayuda a manejar sus emociones, sus relaciones interpersonales e incluso se lo expone a ciertas circunstancias que pueden disparar su deseo para que aprenda a controlarlo. La primera etapa del tratamiento suele incluir un período de abstinencia y luego, paulatinamente, se va reincorporando la actividad sexual. Obviamente, cada paciente es un mundo y se deberán evaluar su personalidad, sus recursos, si intentó previamente tratar su problema, su historia personal, entre tantos otros factores para determinar el abordaje más adecuado. Sin embargo, en todos los casos, con compromiso y un trabajo duro es posible recuperarse. Hace tiempo ya que el astro del golf ha vuelto al circuito de torneos de la PGA, e incluso re hizo su vida de la mano de una nueva pareja. Las segundas oportunidades existen, sólo hay que buscarlas y saber ganárselas.

 

¿Alguna vez viviste algo parecido de cerca o en primera persona? 

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