Otro día, mi amor… Hoy no tengo ganas…

“No tengo ganas, qué me pasa?”, dicen ellas preocupadas!; “Siempre está demasiado cansada, ya nunca tiene ganas”, reclaman ellos! Desde que estoy online con “Universo Alessandra”, en menos de dos meses he recibido cientos de cartas de todos ustedes con esta preocupación… Es, de hecho,  una de las consultas  que me hacen con mayor frecuencia.
Es por eso que he decidido escribir esta columna, para ayudarles a despejar las dudas y la angustia que genera tanto en mujeres como hombres, la falta de deseo en ellas!

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Estos reclamos, ya sea que vengan de un lado o del otro, son claros indicios de que la cosa no está funcionando.  Como dice el refrán, “El buen sexo no hace un matrimonio, pero el mal sexo (o la falta de él) sí lo puede destruir”.

Veamos de qué se trata la falta de deseo sexual, paso a paso:

  • ¿Qué es la falta de deseo? el deseo sexual inhibido o hipoactivo, es el bajo nivel de apetencia e interés sexual a partir de la dificultad para iniciar o responder a la iniciativa de la actividad sexual en la pareja.  En otras palabras, es cuando nada te para un pelo… cuando sencillamente ¡¡¡NO TIENES GANAS!!!   Dicha condición puede ser primaria (cuando la persona a lo largo de su vida nunca ha sentido mucho interés o deseo sexual) o secundaria (cuando antes tenía deseo sexual, pero ya no lo tiene).
  • ¿Por qué disminuye el deseo? Al igual que con otras dificultades sexuales, el origen de este problema, puede ser tanto orgánico como psicológico.
  • Factores  físicos que disminuyen el deseo sexual:
  1. Desbalances hormonales: estos desbalances pueden afectar a la mujer, aún antes de la menopausia.
  2. Embarazo: después del embarazo, también puede haber cambios en el apetito sexual, particularmente durante el período de lactancia.
  3. Problemas de Tiroides: es otro factor que altera el deseo sexual.
  4. Drogas y/o alcohol: producen un efecto nocivo que usados frecuentemente, u ocasionalmente en grandes cantidades, son inhibidores de deseo sexual.
  5. Fármacos: son varios los fármacos que afectan tanto el deseo sexual como el orgasmo femenino.  Algunos de éstos son ciertos medicamentos para la depresión, la ansiedad, y el colesterol (los fibratos) así como los betabloqueantes, anihipertensivos, y los diuréticos, entre otros.  La verdad es que no todos los médicos, por variadas razones, le avisan a sus pacientes sobre posibles consecuencias sexuales que un medicamento podría tener, así que asume responsabilidad por esto y ¡pregunta!
  • Factores psicológicos:
  1. Enseñanzas sobre la sexualidad negativa y moralistas: en aquellas mujeres que tienen deseo sexual inhibido primario, es muy común que las enseñanzas sobre la sexualidad hayan sido muy negativas y moralistas.  Si no nos damos permiso para pensar en el sexo, para tener y disfrutar de nuestras fantasías sexuales, no vamos a tener deseo sexual
  2. Miedo a perder el control: muchas mujeres temen a las consecuencias de disfrutar plenamente de su sexualidad.  Piensan, en algún nivel de conciencia, que se convertirán en personas inmorales o insaciables.
  3. Miedo al embarazo: el no estar utilizando un método anticonceptivo seguro y confiable resulta para muchas en incomodidad y ansiedad, afectando directamente su deseo sexual.
  4. Preocupaciones por la imagen corporal y la vejez: el no sentirte cómoda con tu figura o aspecto físico puede causarte inhibición sexual, al querer evitar una situación de exposición del cuerpo.
  5. Falta de atracción de su pareja: si tu pareja no tiene buena higiene, tiene mal aliento, o no se esfuerza por verse atractiva, es muy posible que este punto entre en juego para sabotear tu deseo sexual.
  6. Sentimientos de vulnerabilidad emocional: el acto sexual en pareja debe darse dentro de un contexto de seguridad emocional firme.  Si no sientes esa comodidad y confianza con tu pareja, es posible que tu vulnerabilidad emocional te esté afectando.
  7. Depresión: mientras algunos antidepresivos disminuyen la líbido, el cuadro depresivo en sí mismo también reduce el interés sexual.  ¡No dejes de buscar ayuda para la depresión!
  8. Cambios en el estilo de vida: cualquier cambio drástico en el estilo de vida de una pareja (matrimonio, nuevo trabajo, mudanzas, hijos) puede traer cambios en el deseo sexual expresado, lo que en muchas ocasiones vuelve a su normalidad a medida que vayan adaptándose a las innovaciones.
  9. Conflictos matrimoniales: si la relación sentimental no está funcionando bien fuera de la cama, tampoco podrá funcionar bien en la intimidad.  Problemas de comunicación, falta de afecto no asociada con el sexo, y falta de tiempo para compartir en pareja afectan fuertemente la motivación para intimar físicamente.
  10. Reacciones desagradables durante el sexo: existen  personas que no disfrutan de una actividad sexual en específico (i.e. sexo oral) y que como consecuencia de esa aversión, disminuyen su apetito sexual en general. Bajo este renglón también se incluyen pasadas experiencias traumáticas o de abuso sexual que pueden estar afectando el deseo sexual.
  11. Ética de trabajo: ¿eres una persona muy trabajadora, organizada y orientada a los logros?  De ser el caso, esto podría traer consecuencias negativas a tu deseo sexual.  Recuerda que el sexo es juego, diversión, relajación, placer… y seguramente no caiga entre las prioridades de tu listita de “Cosas para hacer hoy”.
  • ¿Qué podemos hacer para tener un rico apetito sexual? : lo primero, comenzar reconociendo que existe un problema y que queremos dejarlo atrás.  Nota que hablamos de disminución y no desaparición del deseo sexual, por lo que debe quedar claro que sí es posible recuperarlo.  La verdad es que cada caso, de acuerdo con su causa, será distinto.  Evidentemente no se trata un deseo sexual inhibido por causas orgánicas, de la misma manera que se trataría uno que existe como consecuencia de traumas psicológicos.  Lo que sí debes hacer, independientemente de la raíz del problema, es no restarle importancia al impacto negativo que el bajo apetito sexual puede tener en tu relación de pareja.  Recuerda que es un  problema muy manejable cuando se trabaja de la mano de un Sexólogo o Psicólogo Clínico que se especialice en el área de la sexualidad.  No lo subestimes ni le restes importancia, pues puede derivar en algo más serio. ¡Recupera tus ganas!
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