¿Cuándo es mucho o poco sexo?

¿Todos los días? ¿Tres veces a la semana? ¿Dos veces por mes? ¿Cuándo es mucho o poco sexo?
Son muchas las parejas las que se cuestionan su frecuencia sexual  y se preguntan si sus encuentros amorosos son  “normales, excesivos o escasos”.  Para salir de dudas, consultamos a nuestra sexóloga favorita y esto fue lo que nos dijo.

Frecuencia-sexual

Como dicen, sobre gustos y sabores no hay nada escrito. Y en el caso de la frecuencia sexual, se podría decir lo mismo. Lo primero que debemos entender es que cada persona tiene necesidades sexuales diferentes, que están determinadas por factores biológicas como la cantidad de testosterona; la forma de vida, ya que ciertamente el estrés y el exceso de cansancio afectan hasta el más hot de los amantes; e incluso el tener o no hijos, que en sus primeros años inciden fuertemente en la dinámica sexual de cada pareja.

Por lo tanto, no se debe hablar de una frecuencia normal del sexo, porque estaríamos diciendo que existiría una anormalidad y eso es falso. Lo que sí hay son necesidades diferentes, que muchas veces no coinciden.
Aunque no es lo que deseamos, con el tiempo y los años, es normal que el ritmo sexual decaiga y cada pareja, buscará armonizar con el criterio que mejor satisfaga a ambos.
Sin embargo debemos estar atentos, porque si no tomamos cartas en el asunto, la crisis se agudiza. Tienen que saber que aunque el sexo ya no tenga la misma frecuencia de antes, hay que pensar en la fórmula calidad en lugar de cantidad. Debe ser un encuentro placentero.
Pero ¿qué debemos hacer si vemos que nuestra frecuencia sexual disminuye?

  • Averiguar las causas: si disminuyen las ganas de uno de los integrantes de la pareja, tenemos que indagar en las causas: si es por exceso de trabajo, una tensión sexual más baja, diferente a la propia, o si existe alguna razón más profunda que nos hable de una crisis de pareja, que requiere ayuda profesional.
  • Comunicación fluida: debemos generar una comunicación sana con nuestra pareja, sin reproches ni prejuicios y sobre todo sin culpar al otro de un tema que es una construcción de ambos. Siempre hay tomar en cuenta que pueden existir necesidades sexuales disímiles, que la pareja debe aprender a consensuar.
  • Evitar las comparaciones: tal vez hablamos con amigas que nos dicen que ellas lo hacen todos los días, o con amigos que presumen que sus parejas son insaciables. ¡Qué bueno por ellos! pero nosotros evitemos hacer comparaciones y tomar las relaciones ajenas como referentes. Tratar de adecuarnos a proyecciones ajenas, puede conspirar contra nuestra felicidad.
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Sin embargo, nunca se olviden que tenemos miles de posibilidades de incrementar el deseo de la pareja. No dejen que las cuestiones cotidianas los superen.

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