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Muchos de ustedes ya se habrán dado cuenta del gran cambio físico que he protagonizado ¿no?

Yo sé que cuando vemos a alguien en la televisión o en las revistas, los cambios físicos de esas personas parecen actos de magia. Un día están gorditos y al otro día, delgaldísimos.

Pero en la realidad no se dan las cosas de esta manera. Esos cambios tienen que ver con un proceso mucho más interno y reflexivo, que externo y automático. Es por esa razón, que quiero compartir con todos ustedes cómo viví yo esta experiencia. Es la mía, muy personal, por lo que no pretendo que todos tengan que seguir mis mismos pasos. Mi intención es simplemente hacerlos partícipe de uno de las decisiones y cambios más importantes que tuve en mi vida.

Y por supuesto, nada me gustaría más que ustedes se animen a contarme sus propias experiencias relacionadas con este tema; para con el intercambio de nuestras opiniones y emociones, ayudemos a muchos otros que en este preciso instante, tienen el mismo deseo que nosotros de vivir su Gran Transformación.

  • Las dietas… las dietas… imposibles para mí!!! +

    No soy buena haciendo dietas. Las he probado TOOOOOODAAAASSSSS y ninguna me sirvió a largo plazo. Soy TAN mala con las dietas que, de hecho, al día de hoy ¡todavía no las hago! Me doy cuenta que lo que necesitaba era de alguna manera buscar un balance con respecto a mi alimentación y actividad física… y día tras día continúo en el proceso de buscar ese balance. Es una aspiración de vida que aún no he logrado, pero que se mantiene como una firme intención. No tengo una buena respuesta para justificar el por qué todos los intentos para bajar de peso realizados previo a mi cirugía bariátrica no funcionaron. Seguramente por una falta de consistencia. Tal vez por no estar dispuesta a privarme del gran placer que para mí es comer. Tal vez por inconsistencia. Tal vez por ansiedad. Tal vez porque el hacer ejercicios me provoca TANTA pereza. Tal vez porque las dietas me aburren. Tal vez por todas estas y muchas otras razones. Al final del día, lo que para mí se convirtió en importante fue que el resultado final no era el que quería, y que de alguna manera necesitaba tomar control sobre mí misma. En mi caso, el camino más acertado fue someterme a una cirugía de bypass gástrico. Radical, lo sé. Pero funcionó para mí.
  • La belleza nada tiene que ver con la delgadez! +

    La relación con mi cuerpo ha cambiado mucho después de la cirugía, en el sentido de que ahora me preocupo mucho más por él. Me siento bien porque me siento enérgica y saludable… y ni hablar de la sensación de "logro" luego de haber alcanzado algo tan importante para mi salud y la calidad de mi vida. Me incomoda, sin embargo, la expectativa que el notición mediático farandulero ha generado con respecto a mi cuerpo. El enfoque fue muy fuertemente dirigido hacia las bondades de ser considerada una mujer “flaca” y sexy. En principio –y creo que esto ya lo deben tener claro- no me parece que la belleza ni el sex appeal tengan que ver, necesariamente, con la delgadez. Así que esos nuevos calificativos se me hacen llanos. Me preocupa que el mensaje de salud y bienestar se vea opacado por la obsesión social respecto a la delgadez. Y, por supuesto, no me entusiasma la idea de ahora salir a la calle y que la humanidad esté pendiente al tamaño de mi "derrière". Lucho por ser una mujer lo más completa posible sin que ninguna de las muchas cosas que me compone sea mi definición absoluta. Veo y valoro mi cuerpo desde un lugar más completo y mucho más importante que lo meramente estético. Agradable o no ante la mirada de otros, la verdad es que ahora valoro MUCHO el cuidarlo y estar en buen estado… quiero durar mucho y que mi cuerpo rinda para disfrutar de una vida larga y plena.
  • Mi cambio de peso… y de imagen! +

    Cuando decidí operarme lo hice por cuestiones de salud. Claro que me motivaba verme mejor, pero no era mi prioridad. Además, los primeros dos meses luego de mi cirugía fueron TAN movidos, que realmente no estuve muy pendiente a la báscula. Y creo que es una excelente manera de bajar los niveles de ansiedad! Pero sé que todos ustedes quieren saber cómo varió mi peso! Les cuento: en la primera semana, aproximadamente, bajé 6 kilos! WOW! Aún así, al tener la panza hinchadita todavía no sentí gran diferencia en la ropa que estaba usando. El cambio físico para mí fue algo bastante extraño. Incluso, durante mucho tiempo las personas a mi alrededor me hacían comentarios de cómo iba cambiando y yo los miraba incrédula. Pensaba: “¿Será que me lo están diciendo para hacerme sentir bien? ¡Pero si yo me veo igual!” Obviamente bajé de peso rápida y consistentemente… el problema no era que la cirugía fuera efectiva o no, sino que todo pasó tan rápido y en medio de un estilo de vida tan veloz, que no estaba teniendo tiempo para procesarlo. Posteriormente, entendí que otro motivo por el que no me daba cuenta del cambio en mi físico es que no era una imagen nueva para mí. Yo no siempre fui una chica con sobrepeso, así que en el proceso de quitarme kilos, me miraba al espejo y de cierta manera me reconocía: “Esa chica que tengo en frente no es tan distinta… todavía se parece a mí.” Me di cuenta de que mi pérdida de peso era considerable cuando agoté la última sección de ropa talla “x” que era la más chiquita que tenía en mi clóset. Literalmente, cuando tuve que salir a comprarme todo nuevo, ahí fue que dije “OK, esto como que funcionó”. Para entonces, creo que había bajado ya unas 45 libritas (20 kilos). Ya estoy por cumplir dos años desde que me sometí a la cirugía de bypass gástrico, y me he mantenido habiendo bajado unas 81-84 libras (37-38 kilos). Me siento súper bien estando en este peso. Tengo un cuerpo que ahora tiene la posibilidad de funcionar mucho mejor. Me siento más enérgica, más ágil… en cierta manera hasta rejuvenecida. Creo que el hecho de ser figura pública y que tantos medios han cubierto la noticia de mi cirugía bariátrica genera grandes expectativas en el público que me sigue. Quiero aprovechar este espacio para aclarar que quien se cruce por ahí conmigo y espere encontrarse un bombonazo de revista, seguramente va a quedar muy desilusionado. No me considero, bajo ningún concepto, una mujer flaca. Tengo rollos, como cualquier mujer. Hay cosas que me gustan de él y otras que no tanto, así que me visto tratando de enaltecer aquellas partes que me favorecen y de disimular aquellas otras que no me hacen lucir tan bien. Pero sí soy una mujer que ha adelgazado muchísimo y está hoy en un peso saludable. Y de eso me siento muy orgullosa.
  • Comer: una nueva experiencia! +

    Una de las cosas más sorprendentes de mi experiencia quirúrgica fue que, desde el momento que desperté, me di cuenta que ya no tenía apetito como antes. La ansiedad por ponerme algo en la boca simplemente había desaparecido. Ese primer día no probé ni un sorbito de agua. Los días siguientes estuve tomando agua, jugos naturales y consomé solamente. La sensación de saciedad era increíble. Las cantidades eran ridículamente pequeñas. Literalmente, tomaba dos o tres cucharadas del caldo y ya no podía más. Al cabo de 10 días pasé a dieta blanda… purés de todo tipo, majados, etc. No fue hasta casi la tercera semana luego de la cirugía que vine a probar mi primer bocado de alimento sólido. Una fresa, para ser más precisa. Poco a poco incorporé otros alimentos y aprendí cuáles me caían bien. Al principio, como nunca tenía hambre y los alimentos líquidos y blandos se pasaban tan cómodamente, fue bastante fácil. Pero luego se me complicó un poco el asunto… Mucha gente no sabe que yo salí de haberme operado en Cali y viajé directamente a la República Dominicana para cumplir con una complicadísima agenda de prensa. De Santo Domingo, paramos una noche en Puerto Rico y al día siguiente viajamos a Buenos Aires para permanecer allá durante dos semanas más de prensa y trabajo. Fue un mes de locura y no fue nada fácil sacar los momentos necesarios para, como lo recomendó el médico, sentarme relajada a hacer mis comidas sin prisa. Dadas las múltiples responsabilidades, mis niveles de ansiedad laboral estaban bastante elevados y sin darme cuenta mi instinto me llevó a intentar comer rápido. Más rápido de lo recomendado. Más rápido de lo que mi cuerpo podía tolerar. ¿El resultado? Pues que mi cuerpo dejó de tolerar alimentos sólidos y se me generó una pequeña complicación llamada “estenosis”, donde pasé días en los que prácticamente no toleraba NINGÚN alimento, salvo líquidos, y empecé a preocuparme por mi nutrición. Recuerdo un episodio Buenos Aires. Estaba con mi equipo de hair & makeup de toda la vida (Marcos, Chris y Analía… grandes amigos y todos muy bien enterados de mi proceso quirúrgico) preparándome para ir a promocionar mi línea de lencería erótica, Dolcediva, en el programa RSM del canal América. El programa es un show en vivo, y era importante mantener bien los tiempos. Mi comida llegó tarde y yo me apresuré, porque el show iba a comenzar! Error!!! Enseguida me puse muy mal!!! Tanto así, que le pedí a la jefa de prensa que cancelara mi participación en el programa (cosa que NUNCA acostumbro hacer). El episodio duró aproximadamente una hora antes de volver a sentirme más o menos bien. Entonces pregunté si ya era demasiado tarde para llegar al canal. Fue muuuuuy contra el reloj, pero literalmente mi equipo es LO MÁXIMO y llegué un segmento más tarde de lo que se había programado. ¡Pero llegué! Cámara encendida y sonrisas por doquier. Esa noche tomaron muchas fotos backstage de mi participación. Todavía cuando miro las fotos, lo que recuerdo es mi tranque estomacal. Al final, fue necesario regresar a Cali para solucionar el tema de la estenosis. El Dr. Mejía me arregló la estenosis por medio de una endoscopia… cinco minutos, y listo. De ahí en más, no volví a tener problemas serios con mi alimentación. Al día de hoy, si me excedo mucho en la rapidez de comer o en las porciones que ingiero, puede ser que me tranque un poquito… Aprendí que comer lento es parte de los deberes de por vida de todo paciente bariátrico. Un sacrificio que bien vale la pena!!!
  • El Día D: 11 de Agosto de 2008 +

    Recuerdo que el día de mi cirugía me desperté suuuuuper temprano porque quería darme un ‘shine’. (‘Shine’ en lingo de Alessandra y sus amigas: baño prolongado, lavado y acondicionado profundo de cabello, afeitada de todo lo necesario, secado de cabello con blower al mejor estilo salón de belleza, hidratante corporal, etc., etc.) Así que me desperté con las gallinas para poder tener tiempo de tanta preparación en el baño, y llegué al hospital acompañada de mi esposito, un poco asustada, pero más limpia que limpia y con el pelo de show. Antes de que me entraran a sala de operaciones, John y yo pedimos unos minutitos a solas, hicimos juntos una oración y nos dijimos un “see you later” (nos vemos más tarde). La cirugía como tal fue realizada en unos 45 minutos, y ni bien salí de anestesia tuve a John conmigo, incluso en la sala de recuperación. Recuerdo claramente estar muy sorprendida porque luego de semejante procedimiento quirúrgico, tenía la expectativa de sentir mucho dolor… y no fue el caso. Sentí molestia por el tubito del drenaje -que es medio jodón- y el torso resentido como si me hubiera matado haciendo ejercicios abdominales en el gym pero realmente me sentía muy bien. ¡Ni siquiera tuve reacciones adversas a la anestesia (nada de náuseas, etc.)! A las cuatro horas de haber salido de sala de operaciones, John y mi enfermera Marta me llevaron de paseo a caminar por los pasillos de la clínica. ¡No lo podía creer! No pensé que me pondrían a caminar TAN rápido… pero fue lo mejor. Estuve dos días internada y permanecí una semana recuperándome en un lindo hotel de la ciudad. Pensando en lo incómodo o desagradable… pues en primer lugar vuelvo con el tema del drenaje. ¡Es feo tener un tubito que te sale por el lado de la panza! Pero tampoco era insoportable… y duró sólo cinco días. Las terapias respiratorias post-op para ejercitar los pulmones no me gustaron ni un poquito. Por alguna razón, hacer el esfuerzo de soplar fuertemente e inhalar tan profundamente me daba náuseas fantasmas… pero eso también fue algo muy pasajero. Así que tomando en cuenta que me sometí a una cirugía tan importante, la suma de las “molestias” se quedan enanas al compararse con lo feliz que estaba, lo bien que me sentía, lo rápido que fui recuperando y la nueva oportunidad de vida y salud que tenía en frente.
  • Mis seres queridos ante mi cirugía +

    La decisión de operarme la tomé yo y, más allá de la consulta médica, con quien único lo discutí fue con mi esposo, John. Sentí que era algo muy mío y no quería dejarme influenciar por nadie más. Con John hablamos mucho y compartí toditos los datos que iba averiguando en mi ‘research’. Su postura fue la misma desde un principio: me dijo que me apoyaría fuera cual fuera mi determinación final, sin presionarme hacia la cirugía ni disuadirme de ella. Su apoyo incondicional me permitió la libertad de tomar la decisión que intuitivamente sabía que era la correcta. Ya una vez decidida, a quienes único avisé de antemano fue a mis padres, José y Ginnette, y a mi mejor amiga y su esposo, Bruni y Luis. El resto de mis familiares y amistades supieron de mi bypass gástrico luego de ya ser un hecho. Afortunadamente, TODA mi familia y TODAS mis amistades me apoyaron por completo, independientemente de si lo supieron antes o después de realizada la cirugía. Como es mi costumbre, con todos hablé de manera muy clara y exponiéndoles mis razonamientos para haberme decidido. Ahora mirando hacia atrás, creo que todos sabían que el sobrepeso me hacía mal y estaban entusiasmados por verme en mejor estado físico.
  • Mis médicos +

    Fue en ese tiempo de andar investigando que supe de los Dres. Eduardo Bolaños y Felipe Chaux, médicos colombianos que cuentan con un impresionante reconocimiento a nivel internacional y que manejan una de las más experimentadas clínicas de obesidad en toda América Latina. Los médicos me hicieron cuanta prueba existe antes de determinar si era buena candidata para la cirugía y fue sólo entonces que me recomendaron el bypass gástrico. El Dr. Bolaños, mi médico principal y con quien más cercana relación mantengo, describió con lujo de detalles lo que sería el proceso quirúrgico así como aquellas cosas que irían sucediendo en el proceso post-operatorio. El equipo del Centro para la Obesidad de los Dres. Bolaños y Chaux es multi-disciplinario, y tuve consultas además con una nutricionista y una psicóloga. De todo lo que hablé con el Dr. Bolaños, creo que lo que más me ha servido en la reestructuración mental que necesariamente debe acompañar este proceso es que la cirugía no es mágica. No hace milagros. Si quiero ganarle a la cirugía, puedo hacerlo. El bypass gástrico debo mirarlo como una herramienta que me ayuda a controlar mi peso siempre y cuando mis acciones la apoyen. Trato de no olvidarme de eso. Fue entonces, luego de consultar con el Dr. Bolaños, que finalmente decidí dar el paso y someterme a una cirugía de bypass gástrico. Afortunadamente, conté con el absoluto apoyo de mi esposo John y, una vez tomada la firme decisión, inmediatamente fijamos lugar y fecha para la cirugía: lunes, 11 de agosto de 2008 en Cali, Colombia.
  • Un deseo posible... una decisión tomada! +

    Como les dije, la maternidad es importante para mí. Y que mi sobrepeso pudiese impedir que concretara un deseo tan maravilloso era frustrante. Aunque la idea de una cirugía bariátrica era algo que me provocaba mucho miedo, me hice la tarea de comenzar a investigar. E investigué. ¡MUCHO! Leí, pregunté, vi reportes televisivos, entrevisté… y me llamó mucho la atención todo lo que fui aprendiendo. El principal “pro” fue saber la alta efectividad de la cirugía para lograr resultados sostenibles y mejorar tan dramáticamente mi salud y calidad de vida. Las estadísticas son muy alentadoras, y según todo lo que investigué, se reducen significativamente los riesgos de enfermedades coronarias, pulmonares y de varios tipos de cánceres. En pacientes hipertensos y diabéticos, los resultados son impresionantes. No era mi caso, pero igual fue información que me impactó muy positivamente. Asma, reflujo, fatiga… todas cositas que sí padecía y que se ven drásticamente mejoradas como consecuencia de la cirugía de bypass gástrico. Otro “pro” súper importante fue la posibilidad de verme intervenida por uno de los grupos médicos de mayor expertise y excelencia a nivel mundial. Desde el momento que comencé a pensar seriamente en la cirugía, sabía que únicamente me animaría a hacerlo de la mano de los Dres. Eduardo Bolaños y Felipe Chaux. Con ellos existía la posibilidad de intervenirme por vía laparoscópica. Para mí esto fue un “plus” enorme, sabiendo que los riesgos de infección y complicaciones disminuyen muchísimo, así como el tiempo de recuperación post-operatorio (y ni hablar –vanidosamente- de las mínimas cicatrices). Al final, los “pros”, por supuesto, pudieron más que los “contras”. Finalmente, tomé la decisión de someterme a una cirugía de bypass gástrico durante el verano del 2008. Lo sentí como una responsabilidad y un compromiso a largo plazo para tener una mejor calidad de vida en ánimos de vivir una nueva etapa de adultez, formando una familia junto con mi esposo. Muchas veces me preguntan si alguna vez pensé en echar todo para atrás y no recurrir a la cirugía. Y siempre contesto: “Lo pensé un millón de veces antes de decidirme, pero una vez decidida… ya está. ¿Qué te puedo decir? Así soy”.
  • Mis temores +

    Tengo que admitir que la idea de someterme a un bypass gástrico me aterraba. Hace años atrás, cuando por primera vez escuché hablar sobre cirugías bariátricas... ¡los cuentos eran de horror! Así que, sin duda alguna, el “contra” principal que le veía al asunto era, precisamente, el someterme a un procedimiento quirúrgico tan importante, con todos los riesgos y posibles complicaciones que eso conlleva. ¡Tenía miedo a no salir del quirófano! Jajajajajaja!!!! Desde una perspectiva más ‘light’, no me entusiasmaba NADA la idea de no poder comer las mismas cantidades de alimento. ¡Pensaba que sería vivir el resto de mi vida sintiéndome insatisfecha, sin poder disfrutar de algo que me parece tan placentero!
  • ¡Quiero ser mamá! +

    El deseo que me inspiró. Mi esposo John y yo nos habíamos casado en mayo de 2007 y habíamos hablado de nuestros planes a futuro… específicamente sobre el tema de la maternidad/paternidad. Juntos ya habíamos decidido que teníamos muchas ganas de ser padres, pero a mí me preocupaba la idea de enfrentar un embarazo teniendo un sobrepeso tan importante.  De alguna manera, la idea de hacerme responsable por alguien más me llevó a concientizar sobre algo que no me había preocupado grandemente hasta el momento: mi obesidad.  Así que pasé ese primer año intentando con una y cada una de las dietas en el mercado.  ¡Las probé TODAS!  Y todas funcionaron… un poquito.  Bajaba unas libritas y de ahí no pasaba. No estaba viendo el cambio que necesitaba para poner mi cuerpo en un peso saludable y, francamente, me estaba frustrando mucho.
  • Mi cuerpo y yo +

    Mi relación con mi cuerpo siempre ha sido complicada porque está llena de aparentes contradicciones. La verdad es que no siempre me he sentido a gusto con mi cuerpo (¿de veras existen personas a quienes sieeeeeempre les encanta su cuerpo???) ni con lo que éste puede representar… pero he descubierto -y hace años tengo muy claro- que realmente esa incomodidad no tiene que ver específicamente con mi peso. Entonces, para MÍ no pasa por ahí. De hecho, analizando posteriormente lo que ha sido mi trayectoria en los últimos años, pienso que durante mucho tiempo fue casi como un reto social el haber subido tanto de peso y haber alterado de manera tan dramática mi forma física. Una manera de ver si quienes me rodean me valoraban por quién realmente soy como persona y aquello que tengo para aportar (intelecto, calor humano, etc.) más allá de quedarse en el juicio llano de si soy “linda” o “no tan linda” por verme de determinada manera. Yo no siempre fui una chica obesa, y sé lo que es mirarme y sentirme desde ambas perspectivas. La verdad es que me he sentido tanto “linda” como “no tan linda” estando gordita y también estando delgadita. Para mí, la belleza no es determinada por la gordura, y no me sentía mal presentándome con esa estética en la vida. Lo que no me hacía sentir a gusto era saber que mi salud comenzaba a verse afectada por el sobrepeso y saber que la obesidad sin duda alguna continuaría manifestándose en dolencias y aflicciones a mi salud a largo plazo. Y cuando por fin llegó el momento de mirarme a mí misma desde la perspectiva de una posible maternidad, no me sentía a gusto tan siquiera considerando buscar un embarazo si no podía hacer de mi cuerpo el mejor vehículo posible para dar vida. Y mi cuerpo obeso ciertamente no lo era. Me costó mucho darme cuenta que el peso me estaba controlando a mí y que yo no me estaba sintiendo en control de mi propio cuerpo. Ya era hora para algo drástico, dramático y efectivo.
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